Una de las historias más emblemáticas vinculadas al Camino de Santiago es la del extraño origen y milagros de la Orden de San Antonio.

Los Hermanos Hospitalarios de San Antonio (conocidos popularmente como “Antonianos”) fueron una congregación de monjes que gozó de una gran fama en la Edad Media, pues según contaba una leyenda, eran los únicos que tenían el poder de sanar una enfermedad muy extendida en la época y extremadamente mortal, conocida como “fuego o fiebre de San Antón”.

Se distinguían de otros monjes por su hábito, con una gran T azul en el pecho.

Los caballeros de la Orden de San Antonio en un cuadro de El Bosco

Los caballeros de la Orden de San Antonio en un cuadro de El Bosco

La Orden de San Antonio se fundó en 1095 por el noble caballero Gastón de Valloire, cuyo hijo Girondo estaba afectado de la terrible enfermedad pero recuperó la salud tras orar ante las reliquias de San Antonio.

Estas reliquias se custodiaban en la Iglesia de San Antonio de la villa de La Mota. La congregación en principio estaba formada por laicos, pero adoptaron la Regla de San Agustín en 1248 constituyéndose ya como orden religiosa.

Sus monasterios-hospitales llegaron a todas las regiones de Francia, España, Italia, Flandes y Alemania. Gozaban de una gran popularidad e, incluso, cuidaron también de los enfermos infectados por la peste negra. Realizaron una labor extraordinariamente caritativa y recibieron también muchas donaciones por ello.

En España, cuidaron de los peregrinos que enfermaban mientras emprendían el Camino de Santiago.

Según cuenta la leyenda, sanaron a muchos peregrinos nórdicos y centroeuropeos del conocido “fuego de San Antón”. Los clérigos antonianos tocaban las extremidades gangrenadas de los peregrinos enfermos con su báculo en forma de tau y éstos, milagrosamente, recuperaban la salud. Al llegar a Santiago de Compostela, estaban totalmente sanos.

Sin embargo, también se dice que muchos de ellos volvían a enfermarse al regresar a su país de origen. Muchas veces se especulaba que no se habían arrepentido sinceramente de sus pecados y por eso volvían a enfermar, o se recomendaba hacer una nueva peregrinación a Santiago.

Hoy sabemos que todas estas leyendas tienen una parte histórica y otra parte científica que no era comprendida en la época. La enfermedad conocida como “fuego de San Antón” era en realidad lo que hoy se conoce como ergotismo. Un envenenamiento causado por el ergot o cornezuelo que contamina el centeno. Los países de la Europa fría eran consumidores habituales de centeno, cuyas plantaciones estaban contaminadas por el hongo. Sin embargo en España se comía principalmente pan candeal, procedente de cultivos de trigo. Por este motivo la salud de los peregrinos mejoraba al llegar al sur de Europa donde sanaban “milagrosamente”.

De hecho, el único remedio conocido para la enfermedad en la Edad Media era peregrinar hasta Santiago de Compostela.

Lo cierto es que aunque estas milagrosas sanaciones no se deban a ninguna mediación divina, los peregrinos medievales que emprendieron el Camino de Santiago sí se curaron gracias a su fé sin la cual nunca hubiesen abandonado sus países de origen.

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