La flecha amarilla es, junto con la concha de vieira, uno de los símbolos más internacionales del Camino de Santiago. ¿Te has preguntado alguna vez cuál es su origen?

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No pertenece a ninguna empresa o institución. Es una marca sencilla, sin pretensiones y su único patrocinador es la solidaridad.

Su inventor, un sacerdote de O Cebreiro llamado Elías Valiña, lejos de pedir derechos de autor, dejó a sus familiares en sus últimas voluntades la petición de mantener la flecha.

Pero ¿quién fue Elías Valiña?

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El Padre Elías está considerado como una de las figuras más relevantes vinculadas a la Historia del Camino de Santiago.

La ruta jacobea atrajo a multitud de peregrinos hasta mediados del siglo XVI, pero ya en el XVII esta peregrinación religiosa entró en declive y el número de peregrinos que llegaban a Compostela disminuyó de forma alarmante. Este retroceso provocó a su vez que los caminos se fueran abandonando por falta de uso.

Sin embargo algo cambió a finales de los ’70 del siglo pasado, gracias entre otros a la figura del Padre Elías Valiña, un sacerdote de la parroquia lucense de O Cebreiro que consagró gran parte de su vida a la revitalización y recuperación de los tramos del Camino.

Entre sus principales logros podríamos señalar la restauración del Hospital y Santuario de Santa María del Cebreiro, la promoción internacional del Camino de Santiago y la mejora de la red de albergues para dar cobijo a los peregrinos. En sus conversaciones con algunos de ellos solía salir el tema de lo fácil que era perderse debido a la mala señalización. Elías decidió tomar cartas en el asunto.

En los años 70′ comenzó a señalizar el Camino con flechas amarillas, tramo a tramo, siguiendo el Camino Francés desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela. Utilizó para ello pintura sobrante de la señalización de carreteras que adquiría a bajo costo y que por aquel entonces era de color amarillo.

Una vez terminada esta labor, ya en los años 80′, publicó una guía actualizada sobre el Camino.

Tiempo después fueron muchas las asociaciones de amigos del Camino que colaboraron en la conservación de la simbólica flecha amarilla, repasándola anualmente y protegiéndola contra actos de vandalismo. Pero lo cierto es que en el momento en el que este sacerdote se decidió a poner en marcha su empresa, lo hizo sin ayuda de ninguna institución pública, motivo por el cual fue nombrado por unanimidad “Comisario del Camino de Santiago” en el I Encuentro Jacobeo que tuvo lugar en 1985. ¡Todo un ejemplo de superación y de fuerza de voluntad que desaríamos seguir como peregrinos!

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