Uno de los mayores atractivos de realizar el Camino de Santiago con Pambretours es conocer la riqueza histórica y cultural de los lugares que podremos visitar durante nuestro tour.

Cada enclave tiene algo de emblemático pero sin duda uno de los sitios que no olvidaremos fácilmente es el municipio lucense de Portomarín. Esta localidad que antiguamente fue cuna de los Caballeros de Santiago, contaba con un rico patrimonio arquitectónico que hacía de ella una de las más hermosas de Galicia.

Sin embargo en 1963 el embalse de Belesar anegó los burgos medievales de San Pedro y San Xoán, a ambos lados del río (todavía son visibles parte de las antiguas edificaciones y del puente primitivo cuando baja el nivel del pantano).

Después del suceso, el pueblo se trasladó al vecino Monte do Cristo sobre la orilla derecha del Miño, donde se reconstruyeron algunos de los edificios más importantes, tanto civiles como religiosos. Así fue como el rico legado histórico fue rescatado de las aguas del embalse, reedificándose de tal forma que conservase el estilo original de sus monumentos.

El nuevo Portomarín preserva todo el encanto de las localidades primigenias. Desde lo alto del Miño podremos contemplar la belleza de su singular paisaje.

Conozcamos un poco mejor la historia de Portomarín y su valor turístico:

1) Un pasado ligado al Camino de Santiago.

Veinte siglos de Historia duermen bajo las aguas del embalse de Belesar. Los verdaderos orígenes de Portomarín son muy antiguos. El mismo nombre de Portus-Marini aparece registrado en primitivos documentos medievales.

El pueblo nació y creció al lado de un viejo puente romano del siglo II que unía los burgos de San Pedro y San Nicolás (ambos fueron importantes núcleos urbanos). Este puente, uno de los más célebres de la ruta jacobea, era una obra imperial. Medía 152 metros de largo por 3,30 metros de ancho y estaba construido según la típica arquitectura romana, aún visible en los tamajares. Debía de contar al menos con diez arcos.

En la Edad Media, la reina Doña Urraca ordenó destruirlo en parte para dificultar el paso de las tropas de su esposo “El Batallador”. Pero después ella misma encomendó su reconstrucción al afamado Pedro Peregrino hacia el año 1120. Este mismo arquitecto, auspiciado por la reina doña Urraca, fue el responsable de la construcción del hospital del burgo de San Nicolás que estaba ubicado detrás del ábside de la iglesia. Se derrumbó en 1944 y sólo se conserva su escudo y una inscripción en el Museo Provincial.

El viejo puente romano fue resistiendo el paso de los siglos, a pesar de que algunos acontecimientos como las guerras contra las tropas francesas en 1893, aceleraron su deterioro. Sobre uno de sus arcos originales se construyó una pequeña capilla dedicada a la Virgen de las Nieves, a la que el pueblo profesaba especial devoción, invocándola para pedir protección contra las desgracias que el río podía acarrear.

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Un arco del viejo puente preside la entrada a la villa. La escalinata de granito lleva a la capilla de la Virgen das Neves.

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El auje de las peregrinaciones favoreció el desarrollo económico y urbanístico de Portomarín. Se construyeron al menos dos hospitales importantes: el de “Peregrinos Jacobeos” y el de San Lázaro; pazos y edificios civiles como el Palacio del General Paredes o la Casa del Conde, y edificios religiosos como la Iglesia de San Pedro o la Iglesia románica de San Nicolás, protegida por los caballeros de San Juan de Jerusalén y de la Orden de Malta. Está considerada como uno de los monumentos románicos más importantes del Camino de Santiago. Otro edificio emblemático era el Palacio de la Encomienda. Un incencio lo destruyó en 1938 y sólo se conserva de él un escudo en el museo del pueblo con el nombre del fundador y la fecha de fundación.

Algunos peregrinos ilustres que pasaron por Portomarín fueron los Reyes Católicos, Carlos V o Felipe II quien pernoctó en la villa hacia el siglo XVI.

En el año 1946 el municipio original fue declarado Conjunto Histórico-Artístico (la Iglesia de San Nicolás ya había sido declarada Monumento Nacional en 1931). Sin embargo la dictadura franquista y la llegada del presidente de Fenosa, por aquel entonces Pedro Barrié de la Maza, fijaron la fecha de muerte de la hermosa villa jacobea hacia 1963 para construir el segundo embalse hidroeléctrico más grande de Europa.

En beneficio del lucrativo negocio de los voltios se inauguró el pantano y el nuevo Portomarín, dejando que cientos de viviendas, huertas, campos, viñedos y monumentos históricos quedasen sepultados bajo el agua.

2) El Portomarín rescatado de las aguas

Después de completar el Camino de Santiago y hacer balance de su experiencia y los lugares que han visto, muchos peregrinos citan entre sus recuerdos el municipio de Portomarín. En los últimos días del verano, coincidiendo con el descenso del caudal del río, pueden verse bajo el agua los vestigios del pueblo primitivo. Es un paisaje admirable para los peregrinos que visitan el lugar pero desolador para los vecinos que tuvieron que reconstruir su vida.

Silvia Rodríguez, alcaldesa del municipio de Portomarín explica que: “Les dieron la opción de trasladarse a una casa en el nuevo pueblo, construido sobre el Monte de O Cristo o dinero para irse a otro lugar. Muchos vecinos no quisieron vivir con el recuerdo del trabajo de una vida que sepultaría el agua y se marcharon. La población descendió considerablemente en esos años”.

Sin embargo, antes de que el viejo Portomarín quedase sumergido bajo el agua, los vecinos que se quedaron a vivir en el nuevo pueblo hicieron un trabajo admirable: rescatar parte de su historia. Numeraron y trasladaron piedra por piedra parte de su patrimonio arquitectónico, como la famosa Iglesia de San Nicolás, salvándola de este modo de una pérdida cultural irreparable. Fue un trabajo durísimo según explican los propios lugareños. Pero gracias a ello hoy podemos verla en el centro del nuevo pueblo, al lado del Ayuntamiento. También se rescató un arco del viejo puente romano que actualmente preside la entrada a la villa y algunos edificios civiles como el Pazo Conde da Maza o el de Berbeteros.

Otros monumentos no tuvieron tanta suerte, como la iglesia románica de San Pedro, datada en 1182 y de la que sólo se salvó la puerta principal.

El nuevo pueblo fue diseñado por el arquitecto Pons Sorolla y conserva parte de la estética antigua que recuerda al Portomarín del pasado.

Según una peregrina anónima: “Portomarín es una etapa imprescindible, un punto de foto inevitable. Uno debe pararse para disfrutar de las vistas y la tranquilidad. Llegas cansado tras una subida interminable pero te quedas admirado cuando descubres su belleza y aún más cuando descubres su historia”. Estamos totalmente de acuerdo con esta perspectiva, pero además añadiremos que como peregrinos no podemos sino sentirnos identificados con el sacrificio y el esfuerzo de los habitantes de Portomarín, su lucha por reconstruir su identidad y empezar una nueva vida. Es lo que muchas personas desean alcanzar al emprender su Camino.

Para finalizar el artículo, os hablaremos un poco de la joya arquitectónica de Portomarín, la Iglesia de San Nicolás.

3) El Templo-Fortaleza de San Nicolás de Portomarín

La iglesia de San Nicolás de Portomarín (también llamada iglesia de San Juan) se cuenta entre las obras arquitectónicas más importantes del Camino de Santiago. Fue declarada Monumento Nacional el 8 de febrero de 1946.

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Iglesia de San Nicolás de Portomarín

Actualmente podemos admirarla en la plaza del Ayuntamiento de la nueva villa. En su traslado intervinieron los vecinos de Portomarín que trasladaron y enumeraron cada piedra del edificio, y los técnicos del Ministerio correspondiente para reproducirla en su estado original.

La iglesia es de estilo románico tardío. Tenía una doble finalidad arquitectónica de templo y fortaleza. Según Francisco Vázquez Saco es la obra de unos caballeros que “bajo la coraza de soldado vestían el hábito de monjes”.

Tiene una gran torre almenada desde la cual velaban por la seguridad de los burgos a ambos lados del puente, y de los hospitales para tranquilidad de los peregrinos.

Dentro del templo destaca el ábside y la nave, cubierta con bóveda de cañón sobre varios fajones que soportan parte de su peso. Los arcos se apoyan en semicolumnas adosadas a los muros. A estas columnas interiores corresponden contrafuertes exteriores, unidos en arco según el estilo de la arquitectura compostelana. De este modo la nave tanto interior como exteriormente, se divide en cinco tramos, a cada uno de los cuales corresponde un vano o ventana en sus muros.

Las ventanas son de tipo saetera, con amplio derrame interior. Están cubiertas por arcos de medio punto, cada uno de ellos sostenido por un par de columnas de esbeltos fustes monolíticos y capiteles con decoración vegetal.

A la nave dan acceso las tres clásicas puertas de arquitectura románica. En la fachada, dentro de un enorme arco semicircular, se cobija un rosetón extraordinario, tanto por sus proporciones como por su decoración.

Otro aspecto sobresaliente de la iglesia de San Nicolás de Portomarín es su decoración escultórica, al nivel de las mejores obras del románico tardío. Podemos verla principalmente en sus tres puertas abocinadas con arquivoltas. Tienen una decoración variadísima aunque prevalecen los motivos vegetales: rosetas, hojas, piñas en las molduras semicirculares que perfilan las arquivoltas o en las jambas y codillos de la puerta sur.

Un tipo de esculturas con mucha presencia son las de iconografía animalística. Llaman la atención los capiteles decorados con arpías, divinidades mitológicas en forma de aves de rapiña y rostro de mujer. Otras representaciones muestran una visión dualista fuertemente arraigada: un ángel malo devora el cuerpo de un hombre pecador mientras que el ángel bueno tiene sentada sobre sus rodillas a una figura humana, en un gesto de protección para quien elige la senda del bien.

Toda esta profusión de figuras grotescas, fabulosas y en algunos casos horripilantes, estaba muy enraizada en la cultura popular de Europa Occidental durante la Edad Media. Desde Italia hasta el desaparecido imperio bizantino, se asimilaron todos estos mitos presentes en las tradiciones greco-romanas, y se adaptaron al pensamiento religioso de una dicotomía constante entre el bien y el mal.

Sin embargo, además de las representaciones de origen pagano, en la iglesia de San Nicolás de Portomarín hallamos también abundantes elementos de iconografía religiosa. Este tipo de esculturas las encontramos principalmente en sus tres tímpanos y en la arquivolta interior de la puerta principal. En esta última podemos ver la figura del Salvador o Pantocrátor, y rodeándola de forma radial sobre la arquivolta interior, aparecen los veinticuatro Ancianos del Apocalipsis.

Decoración de la puerta principal

Decoración de la puerta principal

En el tímpano de la puerta norte se representa a la Anunciación. Se compone de las figuras del Ángel y la Virgen. En medio, una flor de lirio representa la virginidad de María.

Más dudosa si cabe es la representación escultórica que vemos en el tímpano de la puerta sur. Aparecen tres figuras vestidas con largas túnicas. La central abre sus brazos en la forma tradicional orante. El personaje de la derecha porta un arpa mientras que el de la izquierda sostiene un libro abierto. King ve aquí al obispo San Nicolás, patrón de la iglesia, oficiando una misa y acompañado de sus acólitos. Para Vázquez Saco, sin embargo, lo que se representa en esta escena es el Sacerdocio de Jesucristo y las figuras que lo acompañan serían el rey David pulsando su arpa y el profeta Isaías. Muchos estudiosos consideran que esta interpretación es improbable ya que el escultor no hubiese representado al rey David sin su corona. En definitiva, continúa siendo un misterio.

Escena de la puerta sur

Escena de la puerta sur

¿Qué opinan ustedes?

Esperamos que nuestro recorrido de hoy por Portomarín te haya interesado y te anime a iniciar tu aventura tour-Camino de Santiago. ¡Contacta con nosotros para obtener más información sobre nuestros tours!

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