Seguimos con nuestra serie de consejos útiles para emprender nuestro tour a Santiago de Compostela evitando en lo posible las incomodidades innecesarias.

Si hace algunos días os explicamos cómo cuidar los pies y elegir el tipo de calzado adecuado para realizar el Camino de Santiago, hoy os hablaremos de la vestimenta más apropiada para el peregrino y del equipamiento indispensable que debemos llevar en nuestras mochilas mientras dure el recorrido.

En la actualidad, a no ser por la tradicional vieira que llevan como símbolo identificativo en sus mochilas, los peregrinos podrían pasar desapercibidos entre cualquier otro tipo de caminantes. Sin embargo en la Edad Media eran reconocidos por todos debido a su singular atuendo: sombrero de alas anchas (para protegerse del sol y de la lluvia), abrigo amplio y abierto por delante para caminar mejor, una esclavina de piel (también llamada pelegrina), calzado fuerte para caminar largas jornadas (normalmente fabricado en piel de ternero y con suela de madera) y un bordón o bastón de madera que superaba la altura de la cabeza. La función del bordón no era solamente la de servir de apoyo para caminar; también podía convertirse, en caso de necesidad, en un arma para defenderse de los asaltantes de caminos. Los peregrinos primitivos acostumbraban a llevar sus viandas en un zurrón de piel de cordero, mientras que la calabaza hacía funciones de cantimplora y solía ir colgada del bordón. La vieira se convirtió en el símbolo del peregrino desde el siglo XI en adelante. Los peregrinos las adquirían al llegar a Santiago y solían colocársela en la esclavina o en el sombrero como señal de haber alcanzado su meta. Llegó a ser un souvenir tan cotizado que las autoridades eclesiásticas se propusieron controlar su venta.

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Evidentemente, la vestimenta actual de los peregrinos ha variado muchísimo. Con todo, algunas personas siguen adquiriendo partes del traje tradicional, pero la mayoría de las veces a modo de recuerdo o para tener alguna foto divertida, ya que caminar vestidos de este modo sería bastante cansado e incómodo.

No existe un estilo único para la indumentaria de peregrino. Tiene que ser siempre ropa cómoda y apta para la época del año, pero como es obvio, cada individuo tiene su gusto personal. Eso sí, si vamos a visitar templos o lugares de culto no deberíamos vestir de modo extravagante. No es necesario tener creencias religiosas para acudir a estos sitios pero sí respetar a los demás tratando de no ser el foco de atención.

Nosotros nos encargaremos del traslado del equipaje pesado pero es recomendable que lleves contigo una pequeña mochila con las cosas básicas. Esta mochila debería ser ajustable y con bolsillos exteriores para guardar el móvil, el termo de agua o aquello que necesites a menudo.

A parte de esto, no podemos olvidarnos de nuestras zapatillas o botas de trekking (ligeras pero de suela resistente para adaptarnos a las irregularidades del terreno), tres pares de calcetines de senderismo, un par de mudas, un par de camisetas de poliéster y dos pares de pantalones.

Si vamos a hacer el Camino en época de lluvias, debemos llevar ropa de más abrigo: guantes, pasamontañas, un polar y un chubasquero o cortavientos.

En cambio, en los meses de verano necesitaremos unas gafas de sol para proteger nuestros ojos (a ser posible homologadas ya que las de venta ambulante no son seguras) y un gorro o visera para evitar las insolaciones.

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Además, será indispensable tener un neceser con nuestros utensilios de aseo como el cepillo y la pasta de dientes, cuchillas de afeitar, etc.

Recuerda que, aunque hayas olvidado alguna cosa, no debes preocuparte por ello ya que casi siempre podemos aprovisionarnos en las localidades que quedan a nuestro paso.

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