Llevar un registro del patrimonio histórico y cultural ligado al Camino de Santiago no es tarea sencilla. Goethe afirmó una vez que “Europa comenzó en el Camino de Santiago”. Si bien las comunidades cristianas fueron el pilar de unión de los diferentes pueblos de Europa y de algún modo contribuyeron a consolidar su identidad, el peregrinaje hacia Santiago es una estela de nuestra Historia que a lo largo de diez siglos ha ido dejando sus huellas en forma de monumentos, textos, palabras que forman parte aquello que nos define y atesora nuestra riqueza cultural.

La vida monacal y la construcción de los primeros monasterios corre paralela a los orígenes de la peregrinación cristiana. En nuestro artículo de hoy os hablaremos de uno de estos lugares mágicos que posiblemente tendremos la oportunidad de conocer: el Monasterio lucense de Samos.

Se trata sin lugar a dudas de uno de los cenobios más antiguos e importantes de Galicia. La belleza de su abadía medieval y su villa, hacen del Monasterio de Samos un lugar de visita obligada para todos los peregrinos que caminan hacia Santiago de Compostela.

1) Su situación

El monasterio de San Julián de Samos se encuentra en el pueblo de Samos (municipio con el mismo nombre) a unos 11 km de Sarria y 45 km de Lugo.

Se asienta en un valle estrecho y rodeado de montañas, atravesado por el río Oribio, rico en anguilas y truchas (dos de los platos tradicionales de esta zona).

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La apacible armonía del entorno natural que lo rodea está en consonancia tanto con el aspecto monumental de su abadía milenaria como con la tranquila vida monacal y el carácter de sus gentes.

Conozcamos un poco mejor sus orígenes.

2) Su Historia

Hablar de la Historia del Monasterio de Samos es hacer un recorrido a lo largo de 1500 años de antigüedad en los cuales fue ocupado por pueblos suevos, visigodos, musulmanes, leoneses, castellanos o franceses.

El nombre de Samos viene de la palabra sueva “samanos” o “lugar donde viven religiosos en comunidad”. La fundación se su abadía se remonta al siglo VI y se atribuye a San Martín Dumiense. Por aquel entonces la comunidad monástica se regía por Reglas Hispanas como las de San Fructuoso o San Isidoro.

En el siglo VIII fue destruido y abandonado tras la invasión musulmana. Tras su retirada hacia el sur, el rey Fruela I de Asturias comienza su reconstrucción en el año 760. En este lugar el rey daría refugio y asignaría cotos a los mozárabes que venían huyendo de Al-Andalus. Su propio hijo, el rey Alfonso II el Casto viviría su infancia en el Monasterio junto a su hermana  Jimena.

A comienzos del siglo X el obispo de Lugo don Ero, trata de hacerse con su control expulsando a los monjes. Ordoño II consigue rescatarlo con la ayuda de los monjes benedictinos de Penamaior y a partir del año 960 el Monasterio se rige por las Reglas de la Orden de San Benito.

En el siglo XII recupera todo su esplendor bajo la reforma cluniacense y se enriquece notablemente con las donaciones de reyes y nobles de la época hasta convertirse en uno de los centros de peregrinaje más importantes de la Edad Media.

En tiempos modenos, los incendios devastaron en varias ocasiones este lugar del culto. El primero de ellos en 1558 y el segundo en 1951; en ambas ocasiones tuvo que ser reconstruido.

La invasión francesa también se hizo notar en este tranquilo lugar que se convirtió en hospital de guerra para más de 800 heridos.

La desamortización de Mendizábal trajo consigo la exclaustración de la comunidad clerical hasta 1880, año en que regresaron los monjes benedictinos.

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3) Riqueza arquitectónica del Monasterio de Samos

Las sucesivas ocupaciones y reconstrucciones que sufrió el Monasterio de Samos se reflejan en un conglomerado de estilos arquitectónicos desde el Gótico Tardío, al Renacimiento, Barroco y Neoclasicismo.

Aunque no puede hallarse una unidad de estilos, sí que podemos observar en su construcción a lo largo del tiempo un espíritu de grandeza y contenida sobriedad.

3.1) La iglesia

La iglesia, de estilo barroco, fue construida entre 1734 y 1748. Tiene planta de cruz latina y tres naves. Su interior, solemne y luminoso, está formado por bóvedas de medio cañón apoyadas en arcos de medio punto sobre columnas de estilo dórico. Sobre el crucero, se eleva una gran cúpula con relieves dedicados a los doctores marianos benedictinos San Ruperto, San Bernardo, San Anselmo y San Ildefonso.

El retablo mayor es clásico y  alberga una imagen del patrón del monasterio, San Julián, obra de José Ferreiro.

La fachada es también barroca. A ella accedemos por una escalinata que recuerda a la del Obradoiro de la Catedral de Santiago. Está dividida en dos cuerpos horizontales, el inferior de doble altura que el superior y ambos flanqueados por cuatro columnas dóricas que rodean la puerta adintelada y el óculo.

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En la iglesia podemos encontrar también su afamada biblioteca que recoge volúmenes de gran valor histórico y la sacristía, ya reformada y que data del siglo XVII.

3.2) Los claustros

Hay dos claustros:

El Claustro grande o de Feijóo construido entre 1685 y 1689, y que con sus 3.000 m2 está considerado como el mayor de España. Su arquitectura mezcla elementos del estilo Clásico y el herrerianismo. El alzado se divide en tres plantas: la inferior formada por una galería de arcos semicirculares con vistas a los jardines, el nivel intermedio más sobrio con ventanas rectangulares, y el superior con hermosas balaustradas de arco carpanel y columnas de capitel jónico. En el centro de su patio podemos contemplar la gran estatua dedicada al Padre Feijóo, obra de Francisco Asorey.

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El segundo claustro llamado Claustro pequeño o de las Nereidas es más antiguo, data de 1539 y 1582. Su creador fue el arquitecto de Monforte Pedro Rodríguez y podría encasillarse dentro del estilo Gótico Tardío. Está formado por bóvedas de crucería con arcos ojivales. En su centro se encuentra la fuente barroca de las Nereidas de comienzos del siglo XVIII.

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4) El Monasterio en la actualidad

A pesar del paso del tiempo y de sus devenires, la comunidad religiosa de Samos sigue desempeñando las mismas funciones: litúrgicas, hospedaje a los peregrinos, archivo y biblioteca. Aún así, se ha adaptado perfectamente a los peregrinos actuales y el gusto de los turistas. Por ejemplo, cuenta con una tienda propia donde es posible adquirir souvenires de recuerdo fabricados por los propios monjes

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